Cuestión de salud psíquica

 

AQUILINO POLAINO


-¿Está usted a favor de que las parejas gays puedan adoptar?

- NO

 

Los datos que se mencionan a continuación proceden de revisiones críticas y sistemáticas de la mayoría de los trabajos publicados en la literatura mundial sobre este tema y de acuerdo con criterios rigurosos acerca de la salud psíquica de los niños adoptados por parejas de homosexuales.

Los principales riesgos que corren los niños adoptados por parejas homosexuales son: trastornos en la identidad sexual, mayor incidencia de comportamientos homosexuales al llegar a la adolescencia -hasta siete veces más que los niños que viven con sus padres biológicos en familias intactas-, una tendencia significativamente mayor a la confusión y promiscuidad sexual, trastornos de conducta, depresión, comportamientos agresivos, ansiedad, hiperactividad e insomnio.

El vínculo afectivo que establecen con los padres adoptivos es mucho más frágil en estos niños por estar expuesto a características que se dan con mayor frecuencia entre sus padres. En efecto, hoy se sabe que los conflictos y comportamientos violentos son dos o tres veces más frecuentes en las parejas homosexuales que en las parejas heterosexuales; la duración media del vínculo entre las personas homosexuales no suele ser superior a tres años y los cambios de compañero/a son más frecuentes, lo que aumenta la inestabilidad afectiva de los adoptados.

En el perfil psicológico de la personalidad homosexual se observa una mayor incidencia de rasgos psicopatológicos (egocentrismo, autocompasión, inmadurez afectiva, celotipias, infidelidades, etc.), lo que en modo alguno contribuye al desarrollo armónico de la personalidad del niño adoptado, expuesto y en interacción con esos modelos de conducta.

Desde la perspectiva de la salud psíquica, en las parejas homosexuales es significativamente mayor la incidencia de trastornos psíquicos (especialmente, la depresión, la ansiedad y el trastorno obsesivo-compulsivo).

Los anteriores hechos constituyen un poderoso incremento de los factores de riesgo a los que queda expuesto el adoptado. No ha de olvidarse que el niño tiene derecho a adquirir, fundar y establecer, de forma adecuada, algo tan relevante e irrenunciable como su propia identidad sexual. Este derecho resulta gravemente amenazado cuando se le expone sólo a modelos comportamentales familiares como el homosexual.

El niño tiene necesidad del padre y de la madre para identificarse con la persona de su mismo género y para aprender también el respeto, afecto y complementariedad que la persona del otro género le debe proporcionar. El afecto que recibe del padre y de la madre - de diversa índole- y la vinculación resultantes de esa relación son imprescindibles para fundar su identidad personal.

El niño que sólo convive con homosexuales no aprende, ni siente las diferencias de género existentes entre el hombre y la mujer.Por contra, aprende algo que es falso y antinatural: que no hay diferencias de género.

El niño que sólo convive con los padres homosexuales adoptivos suele sufrir un déficit en su socialización -al no interiorizar el genuino espíritu de familia que hunde sus raíces en la comunidad entre un hombre y una mujer-, además de un empobrecimiento en su autoestima. En consecuencia, hay un mayor riesgo de que su identidad pueda resultar maltrecha, incompleta o estructurada de forma incorrecta.

En el niño que sea adoptado por homosexuales no se satisfarían los criterios que definen la adopción, por lo que propiamente se incurriría en una adoptio sine adoptio, es decir, en una ficción jurídica. El fin de la adopción es la protección del menor desvalido y no la satisfacción de los adultos/as que no pueden engendrar descendencia alguna. De otra parte, como se sostiene en el viejo principio jurídico, la adopción debe imitar la naturaleza. Se trata de la naturaleza de la familia constituida por el padre y la madre adoptantes, con unas relaciones estables, de manera que se facilite el crecimiento y desarrollo de la persona adoptada.

He aquí algunas de las razones que, desde una perspectiva profesional, legitiman el no a la adopción por padres homosexuales. Lo que está aquí en juego no es la aceptación o el rechazo de la homosexualidad, sino el hecho de conculcar en los más desvalidos -los niños y niñas adoptadas- lo que les es debido, aquello que les pertenece, lo que les es propio: su derecho a la salud psíquica y a una identidad personal bien configurada, su derecho a ser educados, convivir y recibir el necesario afecto del padre y de la madre.

 

Aquilino Polaino es catedrático de Psicopatología y director del departamento de Psicología de la Universidad San Pablo CEU.

EL MUNDO 3-10-04