Una madre enseña a su hijo lo esencial sobre la Primera Comunión

Jesús: el primero y mayor de los regalos

La autora de esta carta lleva 20 años comprometida en la labor pastoral de su parroquia, en Argamasilla de Alba (Ciudad Real). Con motivo de la Primera Comunión de uno de sus dos hijos, le escribió esta carta que, por su interés, reproducimos aquí. En ella, le invita a seguir en el camino que empezó con su Bautismo para seguir creciendo en la fe

Querido hijo:

Hoy, en este día tan grande, tan especial, ante todo, quiero dar gracias a Dios por haberte permitido llegar hasta aquí. Fíjate, un día quisimos que fueras bautizado, que Dios llegara a ti y te llamara su hijo. Por tanto, es nuestra responsabilidad que crezcas en la fe y en el gran amor que Dios nos tiene, que conozcas a Jesús y también a la Iglesia, de la que formas parte; es nuestra misión, como padres cristianos. Por eso estás aquí.

El primero y el más grande de los regalos que has recibido es comulgar, ¡nada más y nada menos que recibir al mismo Jesús! Y es que tus catequistas también te habrán dicho que, por amor, es posible este milagro, este acontecimiento. Nunca olvides que el amor es lo único que va a durar siempre; lo demás (regalos, fiesta, banquete etc.) es pasajero: antes de lo que te imaginas te cansarás de ellos.

También es verdad que hoy es el principio de un largo, hermoso –y a la vez complicado– camino. Y aunque haya alguien que te diga que has llegado a la meta, que no hace falta seguir en él, aunque te canses algunas veces, nos daría mucha pena que te quedaras sólo en este día: para ello no hacía falta haber llegado hasta aquí. ¿Te imaginas que no quisieras seguir asistiendo a clase por cansancio, aburrimiento o capricho, porque crees que con lo que sabes es suficiente, y que nosotros consintiéramos este capricho? Te quedarías en la cuneta. Pues igual pasa con las cosas de Dios: si no sigues creciendo en estos menesteres, difícilmente podrás entender esto que empezó con el Bautismo y que hoy te ha permitido dar un paso más, alimentándote del mismo Jesús, y que, poco a poco, podrás ir conociendo y descubriendo.

Me apena mucho la materialización de este día, que sólo des, y demos, importancia a cómo vas vestido, a nuestros atuendos, al banquete, la tarta, etc. Me da rabia e impotencia el reflejo que proyectamos casi siempre de este mundo, donde prima el tener en lugar del ser. Parece que todos queremos y tenemos que ser los primeros, caiga quien caiga en el camino; todo ello, para ser más admirados, ser líderes e imitar a los famosos, tener dinero, poder, saber más, etc.

Los valores que Dios nos da (amor, amistad, perdón, alegría, familia y tantos otros…) son valores que no están reñidos con los que nos llegan desde fuera (solidaridad, libertad, justicia…), de los que tanto se habla y se siente. Te aseguro que, desde este estilo de vida que Jesús nos enseña, quedan borrados.

Me gustaría, y así lo pido a Dios, que tengas la suerte de ir descubriendo el camino, la importancia del ser por encima del tener, y que los valores que tienes siempre estén al servicio o disposición de los demás.

No olvides que Dios siempre está ahí: acude a Él, puede ser tu mejor amigo y confidente. Dios también habla a través de los otros, de los acontecimientos de la vida, desde el silencio. Sólo tienes que aprender a buscarlo, porque Él sale al encuentro.

¡Ojalá este día sea para ti la confirmación de lo que un día decidimos por ti tus padres! Has llegado a este punto; en adelante, irás poco a poco descubriendo más, para ir madurando y confirmar un día, tú personalmente, la fe. No será fácil, porque el camino es duro, porque las cosas de Dios en nuestro mundo no están en alza, y la fe no es fácil de demostrar, como una ecuación de matemáticas o como una oración gramatical; no es fácil de ver, como un átomo o tantos y tantos avances… Parece que la fe ha perdido valor, y también que a mucha gente le confunde no poder demostrarla de manera razonable.

Adelante, la puerta está abierta: Jesús, con los brazos extendidos queriendo ser tu amigo. Nosotros, deseosos de que tu fe y tu amor crezcan al estilo de Él, como crecerán otros conocimientos.¡Ojalá lo hagas vida! ¡No abandones y adelante! Merece la pena, hijo.

Tu madre, Josefa Menchén Carrasco

"Alfa y Omega", nº 498