La Iglesia de las catacumbas en el Madrid republicano de la Guerra
POR JOSÉ LUIS ALFAYA, Historiador
Tras el alzamiento del 18 de julio del 36, Madrid se convierte en objetivo principal de los nacionales y de la resistencia republicana. unto con Barcelona y Valencia, será también epicentro de una persecución religiosa despiadada, tanto su duración como por su intensidad. Tras la primera avalancha de martirios, la vida religiosa en la Capital comienza a desarrollarse, en la clandestinidad, primero gracias al cuajo de algunos clérigos, religiosos y laicos. Luego, se lograría organizar una auténtica Iglesia clandestina de Madrid -que sería eficacísima-, en torno al Director Espiritual del Seminario Mayor, José María García Lahiguera.
Recuperar la memoria histórica implica, entre otras cosas, enfrentarse con la realidad histórica, en todas sus facetas, de acuerdo con el lenguaje fehaciente del dato transmitido. Y es que la Historia habla, sobre todo, a través de sus documentos, sean escritos o esculpidos. Por lo tanto, los datos que a continuación pretendo mostrar forman parte de esa historia reciente que nos habla de lo que ocurrió en España durante el trienio 36-39, y en especial en aquellos lugares donde se impidió la libertad religiosa, persiguiendo cualquier persona o signo que revelara un contenido o manifestación de fe.
Con el estallido del alzamiento militar el 18 de julio de 1936, se produjo una reacción revolucionaria que arrastró tras de sí a los poderes republicanos de manera incontrolada. De hecho, desde semanas antes de esa fecha, se venía respirando en muchos lugares de España, y en especial en la Capital, un ambiente general prerrevolucionario. Tanto las izquierdas, algunos de cuyos sectores más radicales buscaban volcar el poder republicano hacia estratos marxistas; como las derechas, que venían soñando con un levantamiento militar que pusiera fin al caótico estado de cosas, veían acercarse irremisiblemente un choque de fuerzas. Ambos grupos se venían preparando para ello desde hacía tiempo. En realidad, es común entre los historiadores el considerar el levantamiento de octubre del 34 como un ensayo general de la revolución anarquista y de izquierdas, especialmente en Asturias y Cataluña.
Perdida la capital para los militares sublevados, Madrid pasa a ser objetivo principal tanto de los sublevados como de la resistencia republicana. Y será Madrid, junto con Barcelona y Valencia, en especial, centro de las persecuciones. religiosas más despiadadas de la guerra, por su duración e intensidad. En cuestión de horas, el clero secular y regular así como la jerarquía eclesiástica se encontraron acosados, perseguidos y, en muchas ocasiones, asesinados. En concreto en Madrid, el 38,8% del clero secular fue eliminado, siendo el período álgido entre el 20 de julio y el 31 de agosto de 1936. Todo ello sin contar la implacable destrucción de edificios religiosos de todo tipo, que al final de la guerra alcanzaba el 90%, sólo en Madrid.
ORGANIZACIÓN DE LA IGLESIA CLANDESTINA
Tras la avalancha persecutoria inicial, la vida religiosa en la capital se fue desarrollando, primero bajo el dictado responsable y autónomo de la conciencia sacerdotal de algunos clérigos y religiosos que habían logrado sobrevivir. Sin olvidar la ayuda abnegada, y en muchos casos heroica, de miles de laicos. Se logra establecer poco a poco una red de entendimiento y colaboración, entre sí y con la cabeza, que llegó a ser de gran eficacia, siempre de manera clandestina. El mismo 18 de julio, después de una ordenación sacerdotal realizada en el cercano pueblo de Torrelodones, el Obispo de Madrid, Mons. Eijo y Garay, logró escapar, no sin grandes dudas, hacia Vigo, donde podrá desarrollar una cierta atención, en un primer momento, a los sacerdotes huidos de su diócesis. Dentro han quedado otros muchos refugiados en embajadas, o escondidos en domicilios particulares. El Provicario Manuel Rubio Cercas; el rector del Seminario, Rafael García Muñón y el del Seminario de Alcalá, José Utrera, refugiados en la Embajada de Noruega. Desde allí regulan las indicaciones procedentes de la Santa Sede respecto al culto clandestino, y el contacto con el Obispo. El Provisor y Teniente Vicario, Heriberto Prieto se encuentra asilado en el Hospital Francés, donde permanece hasta el final de la guerra y contacta con el Obispo y, posteriormente, con la curia provisional instalada en el sur de Madrid. El Director Espiritual del Seminario Mayor, José María García Lahiguera, después de ser detenido en la Legación de Finlandia, tras ser asaltada por las milicias populares el 3 de diciembre del 36, logra prodigiosamente la libertad, como luego veremos, y comienza a organizar la Iglesia clandestina de Madrid, ayudado por otros sacerdotes y seglares, como es el caso de José María Tabeada, secretario nacional de Acción Católica. El Rector de la iglesia de San Luis de los Franceses, anexa al Hospital Francés, el P. Azemar, prestó también eficaces servicios en la organización de la diócesis clandestina, al gozar de inmunidad diplomática. Servía de enlace entre los de dentro (García Lahiguera, Heriberto Prieto, etc.) y los de fuera (el Obispo Eijo, Casimiro Morcillo, entre otros).
El caso de Mons. García Lahiguera (actualmente en proceso de canonización), es muy interesante. Había conseguido ocultarse en casa de su madre en las primeras semanas, pero tuvo qué huir ante el peligro cierto de arresto. Después de varias peripecias, logró refugiarse en la Legación de Finlandia el 12 de agosto. Hasta el 3 de diciembre que fue asaltada y hecho prisionero. Junto con otros fue trasladado a la cárcel de San Antón, donde permaneció solo diez días, gracias a las gestiones de su hermano Antonio, a la sazón secretario de Fernando de los Ríos, embajador de España en los Estados Unidos. Este escribió a Azaña pidiendo la libertad de José María y su familia, poniendo a su disposición su piso vacío sito en Diego de León, 25; y desde lugar tan insospechado, amparándose en completa y providencial inmunidad, desplegó una asombrosa actividad apostólica dentro y fuera de aquella casa. Organizó el Socorro Blanco Sacerdotal con el que alivió a las penurias de los sacerdotes supervivientes. Los visitaba, los socorría, y a los que podían salir a la calle, los citaba en "su casa", para el servicio espiritual necesario.
A mediados del 37, Lahiguera recibió el encargo del Obispo Eijo y Garay, a través de la Embajada Francesa, de reorganizar la iglesia clandestina de Madrid y desde ese momento se ocupó de modo oficial de dirigir y coordinar a los distintos sacerdotes de la diócesis que trabajaban ocultos. Contó con la ayuda de, entre otros, D. Hermegildo López, director espiritual que había sido del seminario menor, para ayudar a la reorganización a tres niveles: a) atención a sacerdotes, mediante el "Socorro Blanco", b) atención a religiosas, llevándoles los sacramentos y, en algunos lugares, se constituían verdaderas iglesias en los pisos donde se ocultaban, con frecuente culto, así como la confección de hostias, ornamentos sagrados y otro material litúrgico, y c) con seminaristas. Infiltrados algunos en las oficinas del Socorro Rojo Internacional, en manos de los milicianos, se montó una oficina de Cultura en la que se organizaron clases para seminaristas jóvenes, de latín y otras materias. Aquella oficina sirvió de enlace para recibir encargos de atención a enfermos y moribundos.
Otro caso digno de mención fue el de D. Cesáreo Barroso, párroco de Humanes de Madrid. Logró salir con vida de Humanes, gracias a un miembro de la UGT de su pueblo, y refugiarse en el piso de un amigo suyo militar, en Hermosilla 55: Conseguido un carné de la CNT, del Sindicato de la Enseñanza, tuvo libertad de movimientos y convirtió su casa -con la colaboración inapreciable del portero- en un centro de apostolado. Allí atendía un grupo de chicos y chicas de Acción Católica, daba charlas, recibía encargos de atención sacerdotal, e incluso se celebraron, con toda la solemnidad posible los Oficios de semana santa de 1937 y 1938. Él mismo me contaba lo siguiente: `A las 12 de mañana sube el portero y dice: -¿Qué pasa que han subido 96 personas y algunas mujeres con ramos de flores? Le invito a pasar y le conduzco hasta el Monumento. El portero, que ve aquello, se queda conmovido y con los brazos en cruz se quedó durante media hora, llorando, ante el Sagrario. Era el Jue ves Santo de 1938". Otro que se la jugó logrando introducirse en las oficinas del Socorro Rojo fue D. Félix Verdasco, (alias Kodasver) camuflado con un carné del Partido Sindicalista de Angel Pestaña, llevando el control de la cartelera de noticias y espectáculos, en la que `procuraba no hubiera nada que hiriera el sentido cristiano y escribiendo algunas cosas de tipo aséptico". Pero "no nos podemos resistir -dice Kodasver- a mencionar la labor de Dimas Sigüenza (nombrado Colector y Sacristán Mayor de El Salvador y San Nicolás el'1 de mayo del 36), que trabajó incansablemente, heroicamente, en la clandestinidad. Estamos hablando con estadísticas en la mano. Unos números que resumen la obra heroica de veintidós meses de ministerio sacerdotal clandestino. Bautizos: 98; bodas, 44; confesiones: 7.132; comuniones: 8.207, de éstas cerca de 500 mensuales. Prescindiendo del riesgo, que ya es mucho prescindir, pensemos en el esfuerzo físico del hombre famélico por los rigores del sitio, y la angustia de la persecución. Salía el P. Sigüenza a las ocho de la mañana, y no volvía a su casa-escondite hasta las diez de la noche. Hemos visto la histórica agenda que aún conserva en el bolsillo -sigue contando Kodasver-. Ciento setenta direcciones escritas con letra menuda. Ciento setenta hogares, hospitales, sanatorios, siempre bajo el riesgo de una mirada inquieta y suspicaz " y un posible registro y detención.
VIDA SACRAMENTAL
Según nos refieren siglos de persecución a la Iglesia, la vida espiritual de los cristianos ha salido pujante ante la adversidad, más que en época de bonanza. El ejemplo de Madrid, se puede hacer extensiva a otros lugares que sufrieron semejante situación, como en Barcelona. Tras el asesinato del obispo Irureta en Moncada la noche del 3 de diciembre del 36, José Torrens, oratoriano, hizo de vicario corriendo los riesgos de todo tipo. Organizó un espléndido desarrollo clandestino sobre administración de sacramentos, reserva del Santísimo en domicilios particulares, con cuidado extremos de los detalles de veneración. También atendió espiritualmente al obispo de Teruel, D. Anselmo Polanco, preso en la ciudad condal durante un largo año, hasta que finalmente fue asesinado. También hubo allí oficinas eclesiásticas clandestinas, como la instalada en la calle Sepúlveda, 187, desde la que se mantenía el celo apostólico entre sacerdotes y laicos, bajo la capa de actividades de investigación, según refiere Montero en su libro "Historia de la persecución religiosa en España", págs. 88-89. Semejante fue la actuación en Valencia, donde el arzobispo Melo Alcalde, pudo refugiarse en Burgos, dejando al Vicario D. Miguel Payá en la diócesis, hasta que fue asesinado el 7 de diciembre del 36. Le sustituyó en funciones de vicario el P. Juan Pastor, jesuita, con todas las facultades delegadas por el Dr. Melo, hasta ser sustituido a su vez por el canónigo lectoral D. Pedro Tomás Montaña. "Puede decirse que los dos últimos años de guerra, narra Montero, contó Valencia con una suficiente organización eclesiástica, cuya clandestinidad sólo impidió en algunos casos consignar los hechos por escrito". También en la capital del Turia se organizó eficazmente el llamado "Socorro Blanco", a favor del clero perseguido.
También facilitó esta impresionante labor pastoral, a nivel nacional, el hecho de obtener de la Santa Sede, las licencias y facultades especiales para poder practicar el culto y distribuir los sacramentos en aquellas circunstancias tan especiales y anómalas, lo que repercutió en el mantenimiento del fervor religioso en la zona republicana. Así, con fecha 22 de agosto del 36, aparece la primera concesión oficial a petición del Primado Cardenal Gomá, cuyo texto parece de interés: Su Santidad, en el deseo de remediar en cierto modo las necesidades espirituales de los fieles españoles, de buen grado accede a la petición presentada por Su Eminencia, concediendo a los sacerdotes que se encuentren entre los combatientes, todas, las facultades necesarias para el ejercicio del Sagrado Ministerio. Quiera por tanto Vuestra Eminencia dar a conocer tal concesión a los Ordinarios y a los sacerdotes con los que pueda comunicarse. Aunque aparece dirigida a los "sacerdotes combatientes" o movilizados, con esa misma fecha el entonces Secretario de Estado y futuro Papa Pío XII, cardenal Pacelli, otorgaba las mismas facultades, con carácter extensivo a todo el clero regular y secular; en carta dirigida al general de los Claretianos, P. Felipe Maroto.
El siguiente relato, extraído del diario inédito de una monja de la Congregación de Jerónimas del Corpus Christi de Madrid (vulgo Carboneras), manifiesta la emoción del momento: "El 14 de febrero de 1937 se presentó un señor desconocido que dijo llamarse Pedro Martínez y después de los correspondientes saludos nos dice: -Arrodíllense, que está Dios aquí; y sacando del bolsillo una cajita envuelta en un pañuelo de seda, la descubrió y rezamos la Estación. Lo que sucedió en estos momentos de emoción y fervor no se puede decir, hablaban las lágrimas de los ojos y los afectos del corazón... el 18 se celebró la primera Misa por D. Gregorio, Penitenciario de la Almudena, que estaba escondido en el último piso de la casa".
LA CATEDRAL DE HERMOSILLA
Con este nombre llegó a conocerse el piso primero de la calle de Hermosilla, 12 en Madrid, donde se refugió un grupo de religiosas Reparadoras, procedentes del convento de la calle Torija, al que se sumaron otras cinco monjas hospedadas en la calle de la Cruz, que alcanzó tal renombre debido a la impresionante labor "parroquial" realizada en aquel lugar, de reducidas dimensiones. Al frente de aquel grupo se encontraba la Madre María de la Virgen Dolorosa (M. Muratori). Pertenecía al comandante Ucelay y estaba bajo la bandera de la embajada de Cuba. "Estaban en Hermosilla esquina a Lagasca -nos lo relata D. Hermenegildo López-. Allí tenían mucha actividad pastoral. Se celebraban Misas cada media hora ... Allí me intentaron detener... Un domingo, estando celebrando la Santa Misa, irrumpieron los milicianos con pistola en mano. Era el mes de marzo del 38. Las religiosas se pusieron inmediatamente a quitar todas las señas de un fichero casi completo del clero de Madrid y de los que frecuentaban aquella casa a dar ejercicios, etc.; a romperlas e, incluso, a comerlas, tragándoselas, mientras otras los entretenían, y la Superiora avisaba a la Embajada". Esta vez lograron salvarse. `En esta labor derrochó ingenio y generosidad el jesuita P. Ponce, figurando entre sus logros apostólicos una comunión de congregantes, a la que asistieron más de treinta familias, armonizada con cantos a media voz, como en los tiempos mejores". Es de notar que este piso estaba junto a la Comisaría, dependiente del Ministerio de la Gobernación. `El personal de la Comisaría solían ser gente buena -explica el P. López, benevolente- prescindiendo de su ideología".
LOS SACRAMENTOS EN CLAVE
Se había organizado todo un sistema de claves para entenderse sin despertar sospechas. Bastaba una llamada a aquella oficina del Socorro Rojo solicitando la asistencia del "practicante" y el domicilio y nombre del "enfermo" A veces se usaban nombres cambiados; a Félix Verdasco, "Kodasver"; a Hermenegildo López, "Herminia", etc. Las ampollas de aceite alcanforado para moribundos eran la Unción de Enfermos, el laxante era la Penitencia, y así con todo. Llevaban obleas, para la Comunión, de distintos tamaños, para despistar, y las llevaban metidas en la cartera del dinero. La Unción de enfermos la llevaban en frascos de cremas. `llevaba un maletín como practicante, y allí llevaba un misalito pequeño, unos corporales, y ; una copa de cristal. Las formas y un cacharrito de vino. Las formas las conseguía a través de unas religiosas que estaban camufladas como criadas en un piso de Alfonso XII, y hacían allí las formas". D. Hermenegildo, añade como remate lo siguiente, no falto de humor: "También se solía tener un lenguaje cifrado, sobre un diccionario convencional ideado ex profeso. Más de una vez se fue a dar estos sacramentos en un coche de la F.A.I. (Federación Anarquista Ibérica), custodiado por dos milicianos con fusiles, que ignoraban a qué se iba. Con terror, veían los vecinos llegar a su casa y pararse a su puerta tales vehículos. Se apeaban unos milicianos de aspecto feroz y entraban en un piso con gran estrépito, moviendo a compasión a los disimulados espectadores, mientras que los favorecidos con la visita recibían agradecidos al Dios de la paz, portador del último consuelo para el que iba a morir".
IGLESIAS DOMESTICAS
Sería para narrar la epopeya de los numerosos hogares particulares que, jugándose la vida, mantuvieron durante gran parte de la guerra, sagrarios disimulados en vitrinas o muebles adecuados, que eran continuamente custodiados y renovadas las Formas, creándose una extensa red de puntos de ignición espiritual, que supuso un gran alivio para miles de ciudadanos y sacerdotes, que la escasez de espacio no permite detallar. Eso sí, no se conoce ningún caso de profanación del Sacramento, no sin una especial protección divina.
"Palabra", agosto-septiembre 2007