Eucaristía y reconciliación
Radio Vaticana
14/09/07
Eucaristía y sacramento de la Reconciliación
La práctica tradicional de confesarse antes de comulgar hacía operativa la
actitud cristiana de recibir al Señor con un corazón limpio y purificado. Jesús
mismo nos enseñó: antes de acercarte al altar has de reconciliarte con tu
hermano. La Exhortación nos va a hablar, en el número 20, de la relación
intrínseca entre los dos sacramentos, el de la Eucaristía y el de la
reconciliación. En el siguiente número se nos dan algunas observaciones sobre la
praxis de la absolución general, que se ha de limitar a los casos previstos,
siendo la celebración personal la única forma ordinaria. Comencemos escuchando
el primero de los temas.
Su relación intrínseca
Los Padres sinodales han afirmado que el amor a la Eucaristía lleva también a
apreciar cada vez más el sacramento de la Reconciliación. Debido a la relación
entre estos sacramentos, una auténtica catequesis sobre el sentido de la
Eucaristía no puede separarse de la propuesta de un camino penitencial (cf. 1 Co
11,27-29). Efectivamente, como se constata en la actualidad, los fieles se
encuentran inmersos en una cultura que tiende a borrar el sentido del pecado,
favoreciendo una actitud superficial que lleva a olvidar la necesidad de estar
en gracia de Dios para acercarse dignamente a la Comunión sacramental. En
realidad, perder la conciencia de pecado comporta siempre también una cierta
superficialidad en la forma de comprender el amor mismo de Dios. Ayuda mucho a
los fieles recordar aquellos elementos que, dentro del rito de la santa Misa,
expresan la conciencia del propio pecado y al mismo tiempo la misericordia de
Dios. Además, la relación entre la Eucaristía y la Reconciliación nos recuerda
que el pecado nunca es algo exclusivamente individual; siempre comporta también
una herida para la comunión eclesial, en la que estamos insertados por el
Bautismo. Por esto la Reconciliación, como dijeron los Padres de la Iglesia, es
laboriosus quidam baptismus, subrayando de esta manera que el resultado del
camino de conversión supone el restablecimiento de la plena comunión eclesial,
expresada al acercarse de nuevo a la Eucaristía.
Destacamos la importancia de participar en la Eucaristía con la máxima dignidad
interior, porque en ella hacemos presente nuestra fe en el valor salvífico de la
muerte y resurrección del Señor, como dice San Pablo en la carta a los
cristianos de Corinto. “Cada vez que coméis este pan y bebéis esta copa,
anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga. Por tanto, quien coma el pan o
beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del
Señor”.El mismo Pablo hace una observación práctica: “Así pues, hermanos míos,
cuando os reunáis para la Cena, esperaos los unos a los otros. Si alguno tiene
hambre, que coma en su casa, a fin de que no os reunáis para castigo vuestro. Lo
demás lo dispondré cuando vaya”.
Algunas observaciones pastorales
El Sínodo ha recordado que es cometido pastoral del Obispo promover en su propia
diócesis una firme recuperación de la pedagogía de la conversión que nace de la
Eucaristía, y fomentar entre los fieles la confesión frecuente. Todos los
sacerdotes deben dedicarse con generosidad, empeño y competencia a la
administración del sacramento de la Reconciliación. A este propósito, se debe
procurar que los confesionarios de nuestras iglesias estén bien visibles y sean
expresión del significado de este Sacramento. Pido a los Pastores que vigilen
atentamente sobre la celebración del sacramento de la Reconciliación, limitando
la praxis de la absolución general exclusivamente a los casos previstos, siendo
la celebración personal la única forma ordinaria. Frente a la necesidad de
redescubrir el perdón sacramental, debe haber siempre un Penitenciario en todas
las diócesis. En fin, una praxis equilibrada y profunda de la indulgencia,
obtenida para sí o para los difuntos, puede ser una ayuda válida para una nueva
toma de conciencia de la relación entre Eucaristía y Reconciliación. Con la
indulgencia se gana « la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados,
ya perdonados en lo referente a la culpa ». El recurso a las indulgencias nos
ayuda a comprender que sólo con nuestras fuerzas no podremos reparar el mal
realizado y que los pecados de cada uno dañan a toda la comunidad; por otra
parte, la práctica de la indulgencia, que, además de la doctrina de los méritos
infinitos de Cristo, implica la de la comunión de los santos, enseña « la íntima
unión con que estamos vinculados a Cristo, y la gran importancia que tiene para
los demás la vida sobrenatural de cada uno ».
Esta práctica de la indulgencia puede ayudar eficazmente a los fieles en el
camino de conversión y a descubrir el carácter central de la Eucaristía en la
vida cristiana, ya que las condiciones que prevé su misma forma incluye el
acercarse a la confesión y a la comunión sacramental.