EL limbo: una hipótesis teológica, no una verdad de fe

Cada vez hay más niños que mueren sin recibir el Bautismo

En las semanas pasadas hemos leído en la prensa que el Santo Padre habría estado a punto de modificar la doctrina teológica acerca del "limbo", o, como decía algún artículo, de "abolirlo" o "cerrar sus puertas". La ocasión, se decía, hubiera sido el término de la sesión plenaria de la Comisión Teológica Internacional (CTI). Sin embargo, Benedicto XVI dedicó su intervención de clausura a hablar de la misión del teólogo.

En octubre de 2004, Juan Pablo II encargó a la CTI, compuesta por 30 teólogos de diversas escuelas y naciones, actualizar la doctrina de la Iglesia sobre el limbo. El hecho de que el número de niños que mueren sin bautizar sea cada vez más alto ha hecho que el mandato haya sido renovado enseguida por Benedicto XVI.

La idea transmitida durante siglos sobre el limbo de los justos se refería a los niños que mueren sin haber recibido el sacramento del Bautismo sin culpa personal, que, en principio, no podrían ir al cielo. Como sin embargo, al mismo tiempo, tampoco sería justo pensar que deban ir al infierno, la solución conceptual fue imaginar el limbo como una especie de situación de espera, sin dolor pero también sin gozo.

El teólogo Bruno Forte, arzobispo de Chieti-Vasto y uno de los miembros de la Comisión vaticana, comentó que seguirán trabajando en el documento sobre el limbo: "No votamos y no creo que haya nada listo para entregar al Papa hasta 2007". El jesuita Luis Ladaria, secretario general de la Comisión, precisó que la fecha del próximo año "es muy posible, pero la decisión de publicar algo corresponde al Vaticano". Normalmente, los resultados de los estudios de la CTI se presentan al Santo Padre y se entregan para su oportuno uso a la Congregación para la Doctrina de la Fe.

El Catecismo de la Iglesia Católica, publicado en diciembre de 1992, a diferencia de los anteriores, no menciona el limbo. En el número 1261 se lee: "En cuanto a los niños muertos sin Bautismo, la Iglesia sólo puede confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las exequias por ellos. En efecto, la gran misericordia de Dios, que quiere que todos los hombres se salven y la ternura de Jesús con los niños, que le hizo decir: Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis (Mc 10,14), nos permiten confiar en que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin el Bautismo. Por esto es más apremiante aún la llamada de la Iglesia a no impedir que los niños pequeños vengan a Cristo por el don del santo Bautismo".

PADRES DE LA IGLESIA

Los santos Padres de la Iglesia, como San Gregorio Nacianceno y San Agustín, afirmaron la existencia del limbo como el lugar y estado de aquellos que, habiendo muerto antes de llegar al uso de razón y sin bautismo, y por tanto con pecado original pero sólo con él, son privados de la visión de Dios. Y,o consideran un don gratuito y personal, aunque no sean castigados con penas aflictivas, sino que pueden gozar de una felicidad natural.

El XVI Concilio de Cartago (418) condenó a los que "niegan que se deba bautizar a los niños recién salidos del seno materno", y afirmó que, "por esta regla de la fe, aun los niños pequeños que todavía no pudieron cometer ningún pecado por sí mismos, son verdaderamente bautizados para la remisión de los pecados, a fin de que por la regeneración se limpie en ellos lo que por la generación contrajeron".

"Santo Tomás dice que los niños en el Limbo pueden estar felices, a pesar de su exclusión del Cielo. Es cierto que ellos están separados de Dios en cuanto a que no disfrutan de la Visión Beatífica, pero ellos están unidos a Dios por su habilidad innata de conocer y de amarlo; y en esto ellos encuentran su felicidad".

CATECISMOS

El Catecismo Romano que siguió al Concilio de Trento (siglo XVI) enfatiza que la ley del bautismo "se extiende no sólo a adultos sino también a infantes y niños", y que "la Iglesia ha recibido esto de la tradición Apostólica, confirmada por la enseñanza unánime y la autoridad de los Padres (de la Iglesia)". El Catecismo también afirma: "La fe nos enseña que los infantes que no son capaces de este deseo [de bautizarse] están excluidos del Reino del Cielo... si mueren antes de ser regenerados por el Bautismo".

A principios del siglo pasado, en 1905, el Catecismo Mayor de la doctrina cristiana de San Pío X expresaba claramente: "Los niños muertos sin bautizar van al limbo, donde no gozan de Dios, pero no sufren, porque teniendo el pecado original, y sólo ése, no merecen el cielo, pero tampoco el infierno o el purgatorio".

Durante una alocución a las comadronas italianas en 1951, el Papa Pío XII decía entre otras cosas: "El estado de gracia es absolutamente necesario para la salvación: sin él la felicidad sobrenatural, la Visión Beatífica de Dios, no podría obtenerse. En un adulto, un acto de amor pudiera bastar para obtenerle gracia santificadora y así suplir la falta de Bautismo; para el niño aún no nacido, o recién nacido, este camino no está abierto. Si, entonces, recordamos que la caridad hacia nuestro vecino nos obliga a asistirlo en caso de necesidad; que esta obligación es aún más grave y más urgente según la grandeza del bien que será procurado o del mal que será evitado, y según la inhabilidad del necesitado para ayudarse a sí mismo; entonces, es fácil comprender la importancia de proveer el Bautismo de un niño, libre del uso de razón y en grave peligro o aún certeza de muerte".

JUAN PABLO II

En su Encíclica "Evangelium vitae" sobre el valor y el carácter inviolable de la vida humana (1995), Juan Pablo II, dirigiéndose a las madres que han abortado, manifiesta su convicción de que los niños no nacidos estén gozando de la visión de Dios: "Si aún no lo habéis hecho, abríos con humildad y confianza al arrepentimiento (.,..) Os daréis cuenta de que nada está perdido y podréis pedir perdón también a vuestro hijo que ahora vive en el Señor".

La Iglesia no conoce otro medio que el Bautismo para asegurar la entrada en el cielo. Pero sabe que Dios quiere la salvación de todos, y que su intervención para la salvación de las almas, no queda reducida a los sacramentos (caso del bautismo de sangre o el de deseo). Por eso confía en la misericordia divina y piensa que debe haber un camino de salvación para los niños que mueren sin bautismo.

OPINIONES DE TEÓLOGOS

Aunque nunca fue definido un dogma, el libo ha si do una "salida" que encontraron los teólogos para dar respuesta a la pregunta de qué pasaba con los niños muertos sin bautizar. En realidad, era una respuesta "piadosa" para evitar a estos inocentes las penas del infierno. La teología posterior al Concilio Vaticano II, ha encontrado nuevas respuestas, acordes con la idea de un Dios Padre misericordioso.

El teólogo y obispo de Como, Mons. Alessandro Maggiolini, que fue uno de los redactores del Catecismo de la Iglesia Católica, señalaba hace unos años que del limbo "es una hipótesis teológica que no parece fundada sólidamente en la Revelación. [...] En cambio, el Catecismo parece sugerir que, al final de la vida terrena, no hay soluciones intermedias entre beatitud y condena".

¿Cuál puede ser entonces la respuesta de la escatología cristiana sobre el destino de los niños no nacidos? "A los niños muertos sin bautismo -respondía monseñor Maggiolini-, la Iglesia no puede. sino confiarlos a la misericordia de Dios, que quiere que todos los hombres se salven. Tiene que significar algo la ternura de Jesús por los niños. Dios nos ha revelado su sincera y eficaz voluntad de tener junto a sí a todos y espera también a estos pequeños. Es de desear que estén en la paz de Dios a través de caminos que Dios no nos ha comunicado".

Excluyendo el caso de los adultos que pueden elegir, el bautismo de los niños ayuda a la salvación, cuando es posible. "Si no -explica el teólogo italiano-, análogamente, de un modo para nosotros escondido, incluso los niños no se salvan sin Cristo y sin la Iglesia, en cuyo seno está presente y actúa el Salvador de todos. Se piensa que el Señor Jesús puede alcanzar también a estos pequeños que tienen necesidad de ser liberados del pecado original. Es mejor no ser demasiado curiosos respecto a los medios que usa Cristo, el cual quiere salvar Ka vosotros y a todos», como dice la fórmula de la consagración eucarística". ALFONSO BAILLY- BAILIERE (Roma)

"Palabra", noviembre 2006