«Maestro,
¿dónde vives? Venid y lo veréis» (cf. Jn 1, 38-39).
En la vida cotidiana se encuentra al Señor, 2
Juan Pablo II, Mensaje para la XII jornada mundial de la juventud en 1997 (15-VIII-1996). Castelgandolfo, 15 de agosto de 1996, solemnidad de la Asunción de la Virgen María al cielo
I. Oración inicial
II. Para la reflexión.
Se trata de leer y reflexionar, comentándolo con el grupo, el siguiente texto:
| "Venid y lo veréis" |
4. «Venid y lo veréis». Encontraréis a Jesús allí donde los hombres sufren y esperan: en los pequeños pueblos diseminados en los continentes, aparentemente al margen de la historia, [...]; en las grandes metrópolis donde millones de seres humanos frecuentemente viven como extraños. Cada ser humano, en realidad, es «conciudadano» de Cristo. Jesús vive junto a vosotros, en los hermanos con los que compartís la existencia cotidiana. Su rostro es el de los más pobres de los marginados, víctimas casi siempre de un modelo injusto de desarrollo, que pone el beneficio en el primer puesto y hace del hombre un medio en lugar de un fin. La casa de Jesús está donde un ser humano sufre por sus derechos negados, sus esperanzas traicionadas, sus angustias ignoradas. Allí entre los hombres está la casa de Cristo, que os pide que enjuguéis, en su nombre, toda lágrima y que les recordéis a los que se sienten solos que nadie está nunca solo si pone en él su esperanza (cf. Mt 25,31-46). |
| Artífices de diálogo y de colaboración |
5. Jesús vive entre los que le invocan sin haberlo conocido; entre los que, habiendo empezado a conocerlo, sin su culpa, lo han perdido; entre los que lo buscan con corazón sincero, aun perteneciendo a situaciones culturales y religiosas diferentes (cf. Lumen gentium, 16). Discípulos y amigos de Jesús, haceos artífices de diálogo y de colaboración con todos los que creen en un Dios que gobierna con infinito amor el universo convertíos en embajadores de aquel Mesías que habéis encontrado y conocido en su «casa», la Iglesia, de forma que otros muchos [...] puedan seguir sus huellas, iluminados por vuestra fraterna caridad y por la alegría de vuestra mirada que ha contemplado a Cristo. Jesús vive entre los hombres y las mujeres «que se honran con el nombre de cristianos» (cf. Lumen gentium, 15). Todos lo pueden encontrar en las Escrituras en la oración y en el servicio al prójimo. En la vigilia del tercer milenio, cada día es más urgente el deber de reparar el escándalo de la división entre los cristianos reforzando la unidad por medio del diálogo, de la oración común y del testimonio. [...] «Padre, que sean uno como nosotros somos uno» (cf. Jn 17, 22). Cuanto más os unáis a Jesús, mayor será vuestra capacidad de unión; y en la medida en que realicéis gestos concretos de reconciliación, entraréis en la intimidad de su amor. |
| Jesús vive en las parroquias y en las comunidades |
Jesús vive concretamente en vuestras parroquias, en las comunidades en las que vivís, en las asociaciones y en los movimientos eclesiales a los que pertenecéis, así como en otras formas contemporáneas de agregación y de apostolado al servicio de la nueva evangelización. La riqueza de tanta variedad de carismas es un beneficio para toda la Iglesia e impulsa a cada creyente a poner las propias fuerzas al servicio del único Señor, fuente de salvación para toda la humanidad. |
III. Lo que me ha aportado esta reflexión:
IV. Compromisos:
V. Oración final