«Maestro, ¿dónde vives? Venid y lo veréis» (cf. Jn 1, 38-39).
En la vida cotidiana se encuentra al Señor, 3
I. Oración inicial
II. Para la reflexión.
Se trata de leer y reflexionar, comentándolo con el grupo, el siguiente texto:
| Escuchar y estudiar la Palabra del Señor |
6. Jesús es «la Palabra del Padre» (cf. Jn 1, 1) [...] En vuestros grupos, queridísimos jóvenes, multiplicad las ocasiones de escucha y de estudio de la Palabra del Señor, sobre todo mediante la lectio divina: descubriréis en ella los secretos del Corazón de Dios y sacaréis fruto para el discernimiento de las situaciones y la transformación de la realidad. Guiados por la Sagrada Escritura podréis reconocer en vuestras jornadas la presencia del Señor, y entonces el «desierto» podrá convertirse en «jardín», donde la criatura podrá hablar familiarmente con su Creador: «Cuando leo la Sagrada Escritura, Dios vuelve a pasear en el Paraíso terrenal» (S. Ambrosio, Epístola, 49, 3). |
| Jesús en la Eucaristía |
7. Jesús vive entre nosotros en la Eucaristía en la cual se realiza de modo total su presencia real y su contemporaneidad con la historia de la humanidad. Entre las incertidumbres y distracciones de la vida cotidiana imitad a los discípulos en el camino hacia Emaús y, como ellos, decidle al Resucitado que se revela en el gesto de partir el pan: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado» (Lc 24, 29). Invocad a Jesús para que en los caminos de los tantos Emaús de nuestro tiempo, siempre permanezca con vosotros. Que él sea vuestra fuerza, vuestro punto de referencia, vuestra perenne esperanza. Que nunca os falte, queridos jóvenes, el Pan eucarístico en las mesas de vuestra existencia. ¡De este Pan podréis sacar fuerza para dar testimonio de vuestra fe! Alrededor de la mesa eucarística se realiza y se manifiesta la armoniosa unidad de la Iglesia, misterio de comunión misionera, en la que todos se sienten hijos y hermanos, sin exclusiones o diferencias de raza, lengua, edad, clase social o cultura. Queridos jóvenes, contribuid generosa y responsablemente a edificar continuamente la Iglesia como familia, lugar de diálogo y de recíproca acogida, espacio de paz, de misericordia y de perdón. |
| Testigos del Evangelio |
8. Queridísimos jóvenes, iluminados por la Palabra y fortificados con el pan de la Eucaristía, estáis llamados a ser testigos creíbles del Evangelio de Cristo, que hace nuevas todas las cosas. Pero, ¿por qué se reconocerá que sois verdaderos discípulos de Cristo? Porque «os amáis los unos a los otros» (cf. Jn 13, 35) siguiendo el ejemplo de su amor: un amor gratuito, infinitamente paciente, que no se niega a nadie (cf. 1 Co 13, 4-7). Será la fidelidad al mandamiento nuevo la que certificará vuestra coherencia respecto al anuncio que proclamáis. Esta es la gran «novedad» que puede asombrar al mundo desgraciadamente todavía herido y dividido por los violentos conflictos a veces evidentes y claros, otras, sutiles y escondidos. En este mundo vosotros estáis llamados a vivir la fraternidad, no como utopía, sino como posibilidad real; en esta sociedad estáis llamados a construir como verdaderos misioneros de Cristo, la civilización del amor. |
| Dios es Amor |
9. [...] Dios es Amor; cada persona es amada por Dios que espera que cada uno lo acoja y lo ame. Un mensaje que vosotros, jóvenes de hoy, estáis llamados a acoger y gritar a vuestros coetáneos: «¡El hombre es amado por Dios! Este es el simplicísimo y sorprendente anuncio del que la Iglesia es deudora respecto del hombre» (Christifideles laici 34). |
III. Lo que me ha aportado esta reflexión:
IV. Compromisos:
V. Oración final