La Primera Comunión
Hablemos claro de la Primera Comunión
Si preguntáramos a cualquier niño/a de catequesis, qué es hacer la Primera Comunión, más o menos todos tendrían claro que es "recibir a Jesús por primera vez", y que no es el vestido, ni el banquete, ni la sesión fotográfica, ni los regalos, Pero a la hora de la verdad suele ser otra cosa; bien porque los padres impongan o porque los niños exijan, acabamos haciendo año tras año, lo mismo de lo mismo.
Es tanta la presión social, el acoso del comercio, la fuerza del "yo más y mejor", que acabamos convirtiendo la celebración central del cristianismo, en una excusa para la ostentación y la primera fiesta infantil del consumo. Justo lo contrario de lo que los niños/as han estado tratando de asimilar durante los dos años de catequesis.
Siendo sinceros, hemos de reconocer que esta situación es un tanto incoherente, y no porque los niños/as no vayan con toda su "buena fe" a vivir este encuentro con Jesús, sino porque los adultos estamos convirtiendo esta profunda celebración cristiana para los niños/as, en un simulacro de fiesta un tanto pintoresca, que poco tiene que ver con la primera común-unión con Jesucristo.
Por este motivo, se han publicado las siguientes orientaciones, dirigidas especialmente a los padres, dentro de una campaña de sensibilización con el lema:
En la Primera Comunión, Jesucristo es todo, ¿lo estaremos olvidando?".
Esperamos que la Comunión con Cristo quede para Cristo, y el resto se vaya quedando como una bonita historia de un siglo que ya pasó.
Qué es hacer la Primera Comunión
Es la primera participación del niño/a en la Eucaristía - la celebración central para la vida de los cristianos-, después de haber descubierto por la catequesis cómo vivirla y el sentido de los signos y palabras que contiene.
Es entrar en comunión con Jesucristo para vivir su vida.
Incorpora la niño/a de manera plena en la comunidad cristiana.
Marca así el comienzo de una nueva relación con Jesucristo y la Iglesia, que ha de crecer en su participación continua en la Eucaristía de cada domingo.
Los padres adquieren una nueva responsabilidad en la futura formación y celebración de la fe de los hijos/as, para ser coherentes con lo que quisieron que fueran desde el Bautismo: cristianos.
Lo que no debe ser la Primera Comunión
Una fiesta infantil a la que todos asistimos como espectadores, como una especia de espectáculo religioso donde los niños actúan y "los mayores" sólo miran.
Un compromiso social, algo que hay que hacer porque todos lo hacen, como una puesta de largo de los niños en sociedad.
Un montaje de preparativos, regalos, banquetes, viajes..., de gran ostentación consumista y competitividad social, que puede llegar a endeudar a la familia.
El final de la catequesis. (Algo así como abandonar el colegio después de la primaria, pensando que el niño/a ya lo sabe todo).
¿NO ESTAREMOS EXAGERANDO?
Con los vestidos...
La Iglesia no impone un traje especial para la Primera Comunión, pero tampoco ha de imponerlo la moda o el comercio. A veces, con la mejor intención, se cometen grandes disparates. Como regla general: habría que evitar los trajes "fantasía" (de novia, de marinero o militar...) y tender a que la forma de vestir sea más natural y propia de un niño de este siglo, sin más.
Con los banquetes y regalos...
Siendo la Primera Comunión una celebración cristiana, estorba toda fiesta que no sea vivida en un clima de sencillez, y todo tipo de regalos superfluos que nada tienen que ver con lo que se está celebrando. Todo lo que se gasta en torno a la Primera Comunión, ¿no es una provocación, disfrazada de sentimiento religioso, contra los millones de pobres del mundo?
Con los reportajes fotográficos y vídeos...
Si en la iglesia hay que crear un ambiente de recogimiento y participación serena, logrando que nada distraiga la atención de los niños en su experiencia de fe, ¿no estaría de más el revuelo de cámaras y reporteros espontáneos que constantemente distraen su atención? Está bien tener una fotografía para el recuerdo, pero durante el transcurso de la celebración no se puede permitir que alrededor de los niños haya nada ni nadie que altere su concentración.