El Papa a los musulmanes: «Deberíamos avergonzarnos de las guerras en nombre de Dios»

El Santo Padre subraya a los jóvenes que no son las ideologías las que salvan al mundo, sino sólo Dios, «el garante de lo que es verdaderamente bueno y auténtico»

JUAN VICENTE BOO, ENVIADO ESPECIAL

COLONIA. Las banderas de todo el mundo que los jóvenes pasean por Colonia son emblemas de paz, y así tienen que serlo también las religiones. Benedicto XVI cogió ayer el toro por los cuernos invitando a los musulmanes a «extirpar juntos» el terrorismo y a «oponernos a cada manifestación de violencia», para frenar la «oleada de fanatismo cruel» que está ensangrentando el comienzo del milenio.

El Papa llamaba continuamente «queridos amigos» a una treintena de lÍderes musulmanes, incluido el presidente de la comunidad turco-islámica, a la que pertenecen dos de los tres millones y medio de musulmanes de Alemania. Pero sus palabras se dirigían al mundo entero: no sólo a los musulmanes, sino también a muchos cristianos inseguros de su actitud ante el Islam.

Dejando claro que el problema no es el Islam sino el fanatismo, el Papa invitó a crear un frente cristiano-musulmán contra los terroristas «que siembran muerte y destrucción en varias partes del mundo». Además de matar inocentes, «quienes planean esos atentados quieren envenenar nuestras relaciones, recurriendo a todos los medios, incluso a la religión, para oponerse a la convivencia pacífica».

«Extirpar el rencor»

El Papa denunció que «el terrorismo, de cualquier origen que sea, es una opción perversa y cruel, que desprecia el derecho sagrado a la vida y corroe los fundamentos de la convivencia civil». Ante sus maniobras para dividir hay que responder sumando esfuerzos pues «si conseguimos extirpar el sentimiento de rencor, contrastar toda forma de intolerancia y oponernos a cada manifestación de violencia, frenaremos la oleada de fanatismo que pone en peligro la vida de tantas personas».

Benedicto XVI subrayó que «la vida de cada ser humano es sagrada, tanto para los cristianos como para los musulmanes, y este mensaje hay que hacerlo escuchar». Por desgracia, «la experiencia del pasado muestra que el respeto mutuo y la comprensión no siempre han caracterizado las relaciones entre cristianos y musulmanes. Cuántas páginas de historia dedicadas a batallas y guerras emprendidas invocando, de una parte y otra, el nombre de Dios, como si combatir al enemigo y matar al adversario pudiera agradarle. El recuerdo de esos tristes acontecimientos debería llenarnos de vergüenza, viendo cuántas atrocidades se han cometido en nombre de la religión».

El Santo Padre recordó que el mismo documento del Concilio Vaticano II que normalizó las relaciones con el judaísmo declara que «la Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes, que adoran al único Dios, vivo y subsistente, misericordioso y omnipotente, Creador del cielo y de la tierra».

Frente a quienes, por cada parte, promueven la desconfianza e incluso la hostilidad, el Papa propuso rotundamente la colaboración, y confesó a los líderes que «deseaba reunirme con vosotros porque guiáis a los creyentes del Islam y los educáis en la fe musulmana». La estrategia de Benedicto XVI es promover la paz precisamente desde la enseñanza religiosa, pues «hemos de afrontar juntos, cristianos y musulmanes, los numerosos desafíos de nuestro tiempo. No hay espacio para la apatía o el desinterés, y menos para la parcialidad y el sectarismo».

Consciente de la angustia de millones de personas, el Papa afirmó que «no podemos ceder al miedo ni al pesimismo. Debemos más bien fomentar el optimismo y la esperanza. El diálogo interreligioso e intercultural entre cristianos y musulmanes es una necesidad vital, de la cual depende en gran parte, nuestro futuro».

Un auditorio de 800.000 jóvenes

El Santo Padre se reunió anoche con unos 800.000 jóvenes de los cinco continentes en la Vigilia de la Jornada de la Juventud, en la que condenó los totalitarismos y afirmó que no son las ideologías las que salvan al mundo, sino sólo Dios, «el garante de lo que es verdaderamente bueno y auténtico». Denunció también que muchos hablan de Dios, pero que en nombre de Dios predican el odio y practican la violencia.

Benedicto XVI, en su primer gran baño de multitudes ante los jóvenes concentrados en la explanada de Marienfeld, a 27 kilómetros de Colonia, añadió que «la única revolución verdadera viene de Dios».

Su Santidad invitó a los asistentes a seguir los pasos de muchos santos, entre los que destacó a Teresa de Ávila e Ignacio de Loyola y otros de nuestro tiempo como la Madre Teresa de Calcuta, el Padre Pío y la judía convertida al catolicismo Edith Stein.

"ABC", 21-8-2005