Palabras del Papa a los sacerdotes, religiosos, seminaristas y
movimientos
En la catedral de Praga
PRAGA, sábado, 27 de septiembre de 2009 (ZENIT.org).-
Publicamos las palabras de Benedicto XVI durante la celebración de las vísperas
con los sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y movimientos laicales
en la catedral de san Vito, san Wenceslao y san Adalberto de Praga, en la tarde
de este sábado.
* * *
¡Queridos hermanos y hermanas!
Dirijo a todos ustedes el saludo de san Pablo que escuchamos en la lectura
breve: Gracia a ustedes y paz de Dios, Padre nuestro! Dirijo en primer lugar un
saludo al Cardenal Arzobispo, a quien agradezco por sus cordiales palabras.
Extiendo mi saludo a los otros Cardenales y Prelados presentes, a los sacerdotes
y a los diáconos, a los seminaristas, a los religiosos y a las religiosas, a los
catequistas y a los operadores pastorales, a los jóvenes y a las familias, a las
asociaciones y a los movimientos eclesiales.
Estamos recogidos esta tarde en un lugar a ustedes querido, que es signo visible
de cuanto sea potente la gracia divina que actúa en el corazón de los creyentes.
La belleza de este templo milenario es, en efecto, testimonio viviente de la
rica historia de fe y de tradición cristiana de este pueblo; una historia
iluminada, en particular, por la fidelidad de quiete han sellado su adhesión a
Cristo y a la Iglesia con el martirio. Pienso en las figuras de los santos
Wenceslao, Adalberto y Juan Nepomuceno, piedras angulares del camino de esta
Iglesia, a los que se une el ejemplo de joven san Vito, que prefirió el martirio
antes que traicionar a Cristo, del monje san Procopio y de santa Ludmila. Pienso
en las vicisitudes de dos Arzobispos de esta Iglesia local, en el siglo pasado,
los Cardenales Josef Beran yFrantišek Tomášek, y de tantos Obispos, sacerdotes,
religiosos y fieles, que han resistido con heroica firmeza a la persecución
comunista, llegando incluso al sacrificio de la vida. ¿De dónde han sacado tanta
fuerza estos valientes amigos de Cristo sino del Evangelio? ¡Sí! Ellos se
dejaron fascinar por Jesús que les dijo: "Si alguno quiere seguirme, niéguese a
sí mismo, tome su cruz y me siga" (Mt 16,24). En la hora de la dificultad han
sentido resonar en el corazón esta otra consideración del Señor: "Si a mí me han
perseguido, también los perseguirán a ustedes" (Jn 15, 20).
El heroísmo de los testigos de la fe recuerda que sólo del conocimiento personal
y del lazo profundo con Cristo es posible extraer la energía espiritual para
realizar en plenitud la vocación cristiana. Sólo el amor de Cristo hace eficaz
la acción apostólica, sobretodo en los momentos de la dificultad y la prueba.
Amara a Cristo y a los hermanos debe ser la característica de todo bautizado y
de toda comunidad. En los Hechos de los Apóstoles leemos que "la multitud de
quiete se habían convertido en creyentes tenía un solo corazón y una sola alma"
(Hc 4,32). Y tertuliano, un autor de los primeros siglos, escribía que los
paganos permanecían impresionados por el amor que unía a los cristianos entre sí
(cfr. Apologeticum XXXIX). Queridos hermanos y hermanas, imiten al divino
Maestro que "no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate
de todos" (Mc 10,45). El amor resplandezca en cada parroquia y comunidad, en las
diversas asociaciones y movimientos. Que esta Iglesia, según la imagen de san
Pablo, sea un cuerpo bien estructurado que tiene a Cristo como Cabeza, en el
cual cada miembro actúa en armonía con el todo. Alimenten el amor de Cristo con
la oración y la escucha de su palabra; nútranse con Él en la Eucaristía, y sean,
con su gracia, artífices de unidad y de paz en todo ambiente.
Estas comunidades cristianas, después del largo invierno de la dictadura
comunista, hace 20 años comenzaron a expresarse libremente cuando el pueblo, con
los eventos iniciados por las manifestaciones estudiantiles del 17 de noviembre
de 1989, ha reconquistando su propia libertad. Ustedes advierten que también hoy
no es fácil vivir y testimoniar el Evangelio. La sociedad lleva aún las heridas
causadas por la ideología atea y con frecuencia es atraída por la moderna
mentalidad del consumismo hedonista, con una peligrosa crisis de valores humanos
y religiosos y la deriva de un dilagante relativismo ético y cultural. En este
contexto se hace urgente un renovado compromiso por parte de todos los
componentes eclesiásticos para reforzar los valores espirituales y morales en la
vida de la sociedad actual. Se que sus comunidades están ya comprometidas en
muchos frentes, en particular en el ámbito caritativo con la Caritas. Que la
actividad pastoral de ustedes abrace con particular celo el campo de la
educación de las nuevas generaciones. Las escuelas católicas promuevan el
respeto del hombre; se dediquen con atención a la pastoral juvenil también fuera
del ámbito escolar, sin descuidar las otras categorías de fieles. ¡Cristo es
para todos! Auspicio de corazón que haya un creciente entendimiento con las
otras instituciones, sean de carácter público o privado. La Iglesia - siempre es
útil repetirlo - no demanda privilegios, sino sólo el poder obrar libremente al
servicio de todos y con espíritu evangélico.
Queridos hermanos y hermanas, que el Señor les done el ser la sal de la que
habla el Evangelio, aquello que da sabor a la vida, para ser fieles obreros en
la viña del Señor. Corresponde en primer lugar a ustedes, Obispos y sacerdotes,
trabajar incansablemente para el bien de cuantos son confiados a su cuidado.
Inspírense siempre en la imagen evangélica del Buen Pastor, que conoce a sus
ovejas, las llama por su nombre, las conduce a lugares seguros, y está dispuesto
a dar su vida ellas (cfr. Jn 10,1-19). Queridos consagrados, con la profesión de
los consejos evangélicos ustedes indican el primado que Dios debe tener en la
vida de cada ser humano, y, viviendo en fraternidad, testimonian cuanto
enriquecedora es la práctica del mandamiento del amor (cfr. Jn 13,34). Fieles de
esta vocación, ayuden a los hombres y mujeres de nuestro tiempo a dejarse
fascinar de Dios y del Evangelio de su Hijo (cfr. Vita consecrata, 104). Y a
ustedes, queridos jóvenes, que están en los Seminarios o en las Casas de
formación, preocúpense de adquirir una sólida preparación cultural, espiritual y
pastoral. En este Año Sacerdotal, que he convocado para conmemorar el 150°
aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars, les sea de ejemplo la figura de
este Pastor totalmente dedicado a Dios y a las almas, plenamente consciente que
su propio ministerio, era su camino de santificación.
Queridos hermanos y hermanas, varios aniversarios celebramos este año con ánimo
agradecido al Señor: los 280 años de la canonización de Juan Nepomuceno, el 80º
de la dedicación de esta Catedral dedicada a san Vito y el 20° aniversario de la
canonización de santa Inés de Praga, evento que ha anunciado la liberación de
este País de la opresión atea. Tantos motivos para proseguir el camino eclesial
con alegría y entusiasmo contando con la materna intercesión de María, Madre de
Dios, y de todos sus Santos Protectores. ¡Amen!
[© Libreria Editrice Vaticana]