Mensaje del Papa a los jóvenes: sois la esperanza de la Iglesia
Durante el Viaje Apostólico a la República Checa
STARÁ BOLESLAV, lunes 28 de septiembre de 2009 (ZENIT.org).-
Ofrecemos a continuación el Mensaje que el Papa ha dirigido esta mañana, al
término de la Santa Misa celebrada en la vía de Melnik (Stará Boleslav), a los
jóvenes congregados con motivo de la celebración del martirio de san Wenceslao,
patrón de la República Checa.
******
Queridos jóvenes
Al final de esta celebración, me dirijo directamente a vosotros y ante todo os
saludo con afecto.
Habéis venido en gran número de todo el país y también de los países vecinos;
habéis “acampado” aquí ayer por la tarde y habéis dormido en las tiendas,
haciendo juntos una experiencia de fe y de fraternidad. Gracias por esta
presencia vuestra, que me hace sentir el entusiasmo y la generosidad que son
propios de la juventud. ¡Con vosotros el Papa se siente joven! Un agradecimiento
particular dirijo a vuestro representante por sus palabras y por el maravilloso
regalo.
Queridos amigos, no es difícil constatar que en todo joven hay una aspiración a
la felicidad, quizás mezclada con un sentimiento de inquietud; una aspiración
que sin embargo a menudo la actual sociedad de consumo aprovecha de forma falsa
y alienante. Es necesario en cambio valorar seriamente el anhelo a la felicidad
que exige una respuesta verdadera y exhaustiva. A vuestra edad se realizan de
hecho las primeras grandes elecciones, capaces de orientar la vida hacia el bien
o hacia el mal. Por desgracia no son pocos vuestros coetáneos que se dejan
atraer por espejismos ilusorios de paraísos artificiales para encontrarse
después en una triste soledad. Hay también sin embargo muchos chicos y chicas
que quieren transformar, como ha dicho vuestro portavoz, la doctrina en acción
para dar un sentido pleno a sus vidas. Os invito a todos a mirar a la
experiencia de san Agustín, que decía que el corazón de toda persona está
inquieto hasta que no encuentra lo que verdaderamente busca. Y él descubrió que
sólo Jesucristo era la respuesta satisfactoria al deseo, suyo y de cada hombre,
de una vida feliz, llena de significado y de valor (cfr Confesiones
I,1,1).
Como hizo con san Agustín, el Señor sale al encuentro de cada uno de vosotros.
Llama a la puerta de vuestra libertad y pide ser acogido como amigo. Os quiere
hacer felices, llenaros de humanidad y de dignidad. La fe cristiana es esto: el
encuentro con Cristo, Persona viva que da a la vida un nuevo horizonte y son
ello la dirección decisiva. Y cuando el corazón de un joven se abre a sus
designios divinos, no le resulta muy difícil reconocerle y seguir su voz. El
Señor llama de hecho a cada uno por su nombre y quiere confiar a cada uno una
misión específica en la Iglesia y en la sociedad. Queridos jóvenes, tomad
conciencia de que el Bautismo os ha hecho hijos de Dios y miembros de su Cuerpo
que es la Iglesia. Jesús os renueva constantemente la invitación a ser sus
discípulos y sus testigos. A muchos de vosotros os llama al matrimonio y la
preparación a este Sacramento constituye un verdadero camino vocacional.
Considerad por tanto seriamente la llamada divina a construir una familia
cristiana y que vuestra juventud sea el tiempo de construir con sentido y
responsabilidad vuestro futuro. ¡La sociedad necesita familias cristianas,
familias santas!
Si después el Señor os llama a seguirle en el sacerdocio ministerial o en la
vida consagrada, no dudéis en responder a su invitación. En particular, en este
Año Sacerdotal, os hago un llamamiento a vosotros, jóvenes: estad atentos y
disponibles a la llamada de Jesús a ofrecer la vida al servicio de Dios y de su
pueblo. La Iglesia, también en este país, necesita numerosos y santos sacerdotes
y personas totalmente consagradas al servicio de Cristo, Esperanza del mundo.
¡La esperanza! Esta palabra, sobre la que vuelvo a menudo, se conjuga
precisamente con la juventud. ¡Vosotros, queridos jóvenes, sois la esperanza de
la Iglesia! Esta espera que vosotros os hagáis mensajeros de la esperanza, como
sucedió el año pasado, en Australia, para la Jornada Mundial de la Juventud,
gran manifestación de fe juvenil, que pude vivir personalmente y a la que
algunos de vosotros tomasteis parte. Muchos más podréis venir a Madrid en agosto
de 2011. Os invito desde ahora a esta gran reunión de los jóvenes con Cristo en
la Iglesia.
Queridos amigos, gracias una vez más por vuestra presencia y gracias por vuestro
regalo: el libro con las fotos que cuentan la vida de los jóvenes en vuestras
diócesis. Gracias también por el signo de vuestra solidaridad con los jóvenes de
África, que habéis querido entregarme. El Papa os pide que viváis con alegría y
entusiasmo vuestra fe; que crezcáis en unidad entre vosotros y con Cristo; que
recéis y que seáis asiduos en la práctica de los sacramentos, en particular de
la Eucaristía y de la Confesión; que cuidéis vuestra formación cristiana
permaneciendo siempre dóciles a las enseñanzas de vuestros Pastores. Que os guíe
en este camino san Wenceslao con su ejemplo y su intercesión, y que siempre os
proteja la Virgen María, Madre de Jesús y Madre nuestra. ¡Os bendigo a todos con
afecto!
[Traducción de la versión italiana por Inma Álvarez ©Libreria Editrice Vaticana]