Rafael Gómez Pérez
Dentro de
la Biblioteca
del Cincuentenario, la editorial Rialp ha decidido reeditar este ensayo
de Rafael Gómez Pérez, que apareció en 1976. El
libro fue en su momento un análisis inteligente sobre lo que significaba el
desprecio social y cultural hacia lo cristiano, que empezaba a estar en minoría
en países de vieja tradición cristiana. Lo primero que se debe señalar es que
no ha perdido actualidad y que todavía quienes se deciden a vivir su fe en serio
se encuentran en minoría. De hecho, el autor reconoce en el prólogo a la nueva
edición que la situación de los cristianos se ha agravado: ahora, señala, se
encuentran en los arrabales del sistema. La cultura desprecia el sentido de lo
religioso y ridiculiza el mensaje cristiano; la economía desoye los valores y la
política pretende mediante ciertas leyes cambiar las convicciones de los
individuos.
En cualquier caso, estas páginas pretenden ser una apología del cristianismo y
ciertamente consiguen su propósito. En efecto, ante esta situación Gómez Pérez
no se deja llevar por el desánimo; más bien, con el optimismo de quien está
convencido de la verdad, opta por hacer frente a las circunstancias con
realismo, inteligencia y eficacia. Es necesario que el cristiano en minoría no
sucumba ante los reclamos de lo políticamente correcto o del ambiente
consumista. La fuerza de lo anticristiano, precisamente, se nutre de la
comodidad y de la frivolidad.
En el libro se repasan diferentes argumentos en contra de la existencia de Dios
o, en su caso, en contra del cristianismo. Asimismo, se intenta desmontar la
pretendida contraposición entre ciencia y religión, un tema también hoy
recurrente. Rafael Gómez Pérez argumenta de forma limpia, acude al sentido común
y a la experiencia con el fin de subrayar la armonía de la fe y la razón y el
destino universal del cristianismo.
Pero tal vez el mensaje más importante del libro es la' Ilamada al compromiso
personal y a una vida verdaderamente cristiana en esa situación de minoría. Como
señala al final de este ensayo, la fuerza de una idea no depende tanto del
número de quienes la defienden como de la convicción; de ahí que pueda decir que
una convicción firme y decidida puede multiplicar la minoría, como sucedió
también en los primeros tiempos del cristianismo. Josemaría Carabante.
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