Los problemas más importantes
Álex Navajas
Que no, que los problemas no son la financiación de la Iglesia y la asignatura de Religión. Que, aunque el primero se haya resuelto -por ahora- y el de la clase de Religión parezca que no va por mal camino, ésos no son los temas más importantes. Son, seguramente, los que más hemos usado desde hace años los medios de comunicación para bombardear a los sufridos lectores, pero no son los que acercan o alejan a las personas a Dios.
Es que algunos parecen convencidos de que si se resuelven esos dos escollos,
todo en nuestra Iglesia va a ir como la seda. Y, sin embargo, me parece que
hay otros problemas que no salen en los periódicos y que le restan más fuerza
a la Iglesia que la dichosa financiación y la asignatura de Religión. Por
ejemplo, la inmadurez de muchos laicos, que todavía esperan que el cura lo
haga todo. Con tal de ir los domingos a misa y echar algo en el cepillo, creen
que ya han cumplido. O el excesivo control de algunos curas y obispos, que no
permiten que se cambie de sitio un papel sin su permiso. O los muchos
profesores de Religión que trabajan sólo por su salario, y no con un impulso
realmente evangelizador. O los temores y complejos de muchos creyentes que van
con la cabeza gacha pidiendo perdón constantemente por «los numerosísimos
errores de la Iglesia a lo largo de la Historia». O los políticos que se dicen
católicos y que se deben de dejar la conciencia en casa cada vez que votan en
el Parlamento. O los catequistas que dan una fe aguada a sus catecúmenos por
el temor de que éstos les den la espalda (y se la acaban dando). O los padres
católicos que están preocupadísimos por que sus hijos aprendan inglés, alemán,
tenis, informática, natación y una lista larguísima de cosas más, pero que no
enseñan a sus hijos a rezar.
Estoy convencido de que hace más por su fe el testimonio de un católico auténtico que la mejor de las negociaciones sobre financiación con el Gobierno.
"La Razón", 20-1-2007