Barrer la casa por dentro
Álex Navajas
Hace unos días, una parroquia de Madrid comenzó a impartir un curso de
los fundamentos del cristianismo entre sus feligreses más
comprometidos, algunos de los cuales llevaban cerca de 30 años
cooperando con el párroco. Los temas eran de lo más básico: Dios,
Jesucristo, la salvación, etc. La sorpresa del sacerdote fue mayúscula
cuando comprobó que, para algunos de sus más cercanos colaboradores,
Cristo era una especie de «fuerza espiritual», una «energía positiva»,
pero no un hombre de carne y hueso que vivió hace dos mil años en
Galilea.
Decía C. S. Lewis que «el problema de los cristianos es que hemos
predicado el cristianismo, pero nos hemos olvidado de predicar a
Cristo». Los católicos, especialmente en España, sabemos de qué va más
o menos nuestra fe; cuáles son las «normas de conducta» que debemos
seguir; si la Virgen tiene que ir delante o detrás en la procesión o a
qué santo le tengo que encender la vela para que mi hija encuentre
marido. Pero de relación personal con Jesucristo, nada. Por eso hay
muchos católicos con un cacao mental considerable y tantos ambones
desde los que se predican machaconamente normas de moral y no un
encuentro real con Dios. Es como empezar a leerse un libro por la
mitad y no enterarse de nada de lo que pasó al principio.
Miguel de Unamuno también solía repetir que «el problema de los
sacerdotes y de los políticos es que hablan a auditorios que creen
convencidos pero que, en realidad, no lo están». Quizás haya que
empezar la nueva evangelización que nos ha pedido el Papa barriendo la
casa por dentro. Quizás nos llevaríamos muchas sorpresas.
La Razón,
15/03/2007