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Un libro de un estadounidense desmonta algunos mitos de la leyenda
negra de la Iglesia
La ciencia, la economía, el Derecho, las artes, las letras... Éstos
son algunos de los avances que la civilización occidental le debe a la
Iglesia y que, hoy, muchos políticos e intelectuales europeos
pretenden ocultar. El profesor de Historia norteamericano Thomas E.
Woods lo explica en su último libro, publicado en español por
Ciudadela
«La Iglesia católica no se limitó a contribuir al desarrollo de la
civilización occidental, sino que construyó esta civilización.
Naturalmente, tomó prestados conceptos del mundo clásico para
transformar y mejorar la antigua tradición», pero fue la que le dio su
forma definitiva. Estas contundentes tesis están escritas por el
profesor de Historia Thomas E. Woods, del Ludwig von Mises Institute,
en Estado Unidos, cuyo último libro, Cómo la Iglesia construyó la
civilización occidental, acaba de publicarse en español (Editorial
Ciudadela), con un prólogo del cardenal arzobispo de Toledo, don
Antonio Cañizares.
Dice el autor que, en Estados Unidos, no se puede expresar ningún tipo
de prejuicio, por ejemplo, contra un hombre negro. En cambio, aún se
aceptan los prejuicios contra los católicos. Si este panorama le
resulta desalentador, peor aún es el panorama en Europa, donde el
pasado católico se está condenando al ostracismo. Se han tergiversado
algunos aspectos y se ha ocultado una realidad: la enorme aportación
de la Iglesia a la forma de vivir en Occidente.
Escribe el cardenal Antonio Cañizares que, «en nombre de una
malentendida libertad, se pretende erradicar toda influencia de la
Iglesia católica». Ésta es la premisa de la que parte Woods. Su
aportación consiste en sistematizar numerosos ejemplos que demuestran
hasta qué punto contribuyó la Iglesia a construir la civilización
occidental tal y como hoy la conocemos.
El tópico del oscuro Medievo
Tras las invasiones bárbaras, el territorio que había ocupado el
Imperio Romano quedó sumido en el caos. Fue la Iglesia la que le
devolvió el orden. El profesor Woods sustenta su tesis en la presencia
de personajes como Carlomagno. En este mismo período, una amplia red
de monasterios hizo fructificar el estudio y permitió el paso a la
posteridad, gracias a los monjes copistas, de las grandes obras de la
tradición helenística. También fueron los artífices de enormes
revoluciones en la agricultura, y del uso de técnicas como los molinos
de agua que se mantendrían vigentes durante siglos.
La Universidad: cuna del saber
A todo aquel que lo deseaba, se le brindaba la oportunidad de estudiar
en las escuelas que fueron surgiendo alrededor de las catedrales. De
este deseo de perpetuar el saber surgieron las primeras universidades,
como Bolonia, París, Oxford o Cambridge. Curiosamente, ni en Grecia ni
en Roma existió el concepto de Universidad, vital para la civilización
europea. A sus aulas se deben las aportaciones de san Alberto Magno o
santo Tomás de Aquino.
Las mentiras sobre Galileo
De las leyendas negras que se han ido labrando en contra de la
Iglesia, quizá la más extendida es la que achaca a los religiosos el
freno al avance científico. Los promotores de esta idea tienen en
Galileo Galilei su personal mártir. Pero Thomas E. Woods desmonta por
completo estas acusaciones, explica la verdad sobre el caso Galileo y
aporta amplios y documentados ejemplos de cómo la Iglesia contribuyó
al avance de la ciencia. Entre ellos, destaca que 32 cráteres de la
luna llevan nombres de jesuitas, sus descubridores.
El Derecho y la dignidad humana
El libro de Thomas E. Woods se adentra en los diversos aspectos en los
que la Iglesia contribuyó a la formación del Derecho que hoy rige
nuestras sociedades. Sin duda, el influjo del ordenamiento jurídico
romano es imprescindible. Pero de las plumas de los grandes teólogos
surgieron las ideas que después se convertirían en los derechos
humanos que hoy se reconocen en numerosos acuerdos internacionales. El
autor detalla, entre otros, la defensa de la igualdad de todos los
hombres, que ha llevado a Francisco de Vitoria a ser considerado como
el padre del Derecho internacional.
La comprensión de la Economía
La creencia generalizada de que la concepción de la economía moderna
es obra de Adam Smith queda refutada en el capítulo que Woods dedica a
esta ciencia. Fueron en su mayoría religiosos los que se dieron cuenta
de las grandes leyes que rigen el intercambio comercial. Sin embargo,
pocos reconocen sus aportaciones.
El invento de la sanidad pública
La caridad en los monasterios es, quizá, uno de los pocos méritos que
los más avezados anticlericales no se atreven a quitar a la Iglesia.
Sin embargo, no se tiene constancia de la verdadera magnitud de sus
aportaciones. El profesor Woods se adentra, por ejemplo, en el papel
fundamental que jugaron las Órdenes hospitalarias, como la de la Cruz
de Malta.
La moral, fuente de la convivencia
La influencia cristiana en la moral occidental es difícilmente
discutible y, sin embargo, hoy es tema habitual de debate político.
Los grandes teólogos de la Edad Media fueron los que reconocieron al
hombre toda su dignidad, los que, por considerar la vida como algo
sagrado, fundamentaron derechos que hoy se ponen en entredicho, los
que tienen su origen en la idea de la creación, la igualdad de todos
los hombres... El profesor Woods concluye su obra con una explicación
de las nefastas consecuencias de tener un mundo sin Dios, como
pretenden los que ocultan el verdadero papel de la Iglesia en
Occidente.
María Solano
Alfa y
Omega,
04/05/07
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