¿La democracia puede contar con los creyentes?
Se va extendiendo una determinada concepción de la aconfesionalidad
entendida reductivamente, no como neutralidad por parte de un Estado, sino
como laicismo beligerante contra la religión católica, hasta el punto de
poder hablar de cristofobia
¿Cómo transmitir la fe en la sociedad contemporánea pluralista afectada de
indiferencia y de laicismo? Este ha sido el tema debatido en el Simposio
Internacional de Teología celebrado en Pamplona en abril de 2007, con
asistencia de unos doscientos expertos de varias naciones. Entre otros,
intervinieron los profesores Bernhard Körner, de Graz (Austria), Sergio
Lanza de la Universidad Lateranense en Roma, Jose María Gil Tamayo (Comisión
de Medios de la Conferencia Episcopal Española), y el Arzobispo de Tarragona
Monseñor Jaume Pujol.
Dios en el horizonte
Parece que Dios no cuenta en la vida de algunos hombres y mujeres que
trabajan en sus despachos o caminan por las calles de la ciudad como si no
existiera, aunque sienten una nostalgia del Absoluto, más o menos imprecisa
según las vivencias religiosas que recibieron. Pero hay muchas ocasiones en
que Dios aparece en su horizonte relacionado con la vida y con la muerte,
los problemas de conciencia y de convivencia con los demás hombres, como
decía el pensador judío George Steiner: «Cuando estamos enfermos, cuando el
terror psicológico o físico se apodera de nosotros, cuando nuestros hijos
mueren en nuestros brazos, gritamos. Que ese grito resuene en el vacío, que
sea un reflejo perfectamente natural, incluso terapéutico, pero nada más, es
casi imposible de soportar».
Sin embargo algunos sectores de la cultura actual conciben ese mundo como
obra exclusiva del hombre que sería autosuficiente pero encerrado dentro del
muro científico como gran mito del progreso. La manipulación de embriones,
la clonación terapéutica y los hijos por encargo están a la orden del día,
mientras las leyes de reproducción asistida tratan de acallar el gran debate
sobre la dignidad del ser humano desde la concepción, porque ese progreso
rechaza todo aquello que no está en la punta de su nariz.
Además, en nuestra sociedad pluralista se va extendiendo una determinada
concepción de la aconfesionalidad entendida reductivamente, no como
neutralidad por parte de un Estado, sino como laicismo beligerante contra la
religión católica, hasta el punto de poder hablar de cristofobia (George
Weigel), porque el cristianismo es considerado como irracional e incluso
nocivo para la convivencia democrática entre los ciudadanos. Sin embargo el
famoso discurso de Benedicto XVI en Ratisbona ha puesto con valentía ante la
comunidad científica, la profunda racionalidad de la fe y que la naturaleza
verdadera de Dios es incompatible con la violencia. Dicho de otro modo, la
casa del cristianismo está situada en la calle de la razón, como decía
gráficamente el Catedrático Sergio Lanza.
Ciudadanos creyentes
En realidad la increencia y el laicismo defienden una antropología que
mutila a la persona como si no tuviera derecho a manifestar en público sus
creencias, con responsabilidad para configurar una sociedad que valore los
principios morales y religiosos de todos. ¿O es que los cristianos no son
responsables del bien común ni pueden aspirar a influir en la vida pública,
que es connatural a la democracia? Como es sabido la Iglesia y los
cristianos consecuentes vienen defendiendo, contra viento y marea, el
derecho a la vida desde la concepción, el matrimonio como institución
natural entre el varón y la mujer, o el derecho de los padres para elegir la
educación religiosa y moral para sus hijo, y la libertad religiosa de todos.
Aunque el laicismo pretenda silenciarlo, la sed Dios se muestra en la
demanda de clases de religión en la escuela, en el crecimiento de
practicantes, en múltiples iniciativas para defender los símbolos
cristianos. Se organizan cursos de Cristianismo para principiantes,
reuniones de oración en el lugar de trabajo, capellanías en hospitales y
clubs de fútbol, etc. Las editoriales valoran el éxito de la literatura
específicamente cristiana o al menos religiosa; y ahí están las ventas
millonarias de los libros de Joseph Ratzinger. Además están los testimonios
escritos de quienes descubren la fe católica, como Peter Seewal, biógrafo
del Papa Benedicto XVI, Alexandra Borguese, Scott y Kimberly Hahn,
deportistas como Franz Beckenbauer o cantantes como Bono. No menos
interesante es recordar que la prestigiosa Universidad de Harvard, fundada
en Estados Unidos en el siglo XVII, ha revisado su anterior plan de estudios
y, entre otras mejoras, recomienda crear una asignatura lectiva de religión.
La explicación que han dado los expertos es que muy pocos discutirían hoy
que la religión es sumamente importante en la vida moderna, y Harvard no
puede preparar a los mejores para la vida sin contar con la religión. Y así,
mientras el laicismo en Europa es incapaz de reconocer sus raíces cristianas
para plasmarlas en un proyecto de Constitución otras democracias bien
consolidadas descubren la importancia de la religión para situarse
correctamente en la vida.
El camino para ser ciudadanos creyentes y practicantes pasa por asumir las
propias responsabilidades sin ocultar los valores cristianos, como hacen los
padres que piden clase de religión para sus hijos, y pasa también por
informarse mejor del contenido de la doctrina básica cristiana tal como la
enseña hoy la Iglesia católica. Junto al gran esfuerzo de racionalidad que
hace Benedicto XVI para exponer pacíficamente el contenido de la fe,
contamos con el Catecismo de la Iglesia Católica, que expone
sistemáticamente y de modo completo la fe católica, y también el reciente
Compendio del Catecismo, como una guía práctica de respuestas a los
interrogantes planteados en relación a Dios, la religión y la conducta
moral. Constituyen una base suficiente de información y de reflexión que
puede acercar a la práctica de la fe, superando el agnosticismo que no se
atreve a plantear las últimas preguntas con valentía intelectual, o el
laicismo que hace su particular cruzada contra la religión católica.
Jesús Ortiz López
Doctor en Derecho Canónico
Arvo Net, 10/05/07