Para disfrutar del verano

Las vacaciones nos permiten convivir más intensamente con los miembros de nuestra familia

Los Sanfermines, para los navarros y prácticamente para todos los españoles, son como el “rompan filas” de nuestra sociedad. Por lo menos, para muchos de nosotros. Otros tienen que trabajar duramente para que los demás podamos descansar y divertirnos. Por eso, al llegar este tiempo de vacaciones, nuestra primera preocupación debe ser pensar en los que tienen que trabajar mientras nosotros descansamos, en los que por distintas razones no podrán disfrutar de un periodo de vacaciones. En nuestro mundo hay mucha gente que se encuentra en esa situación. Tener unos días de descanso es un privilegio que no está al alcance de todos. Debemos ser conscientes de ello y saber disfrutarlos con sobriedad y con agradecimiento. Es una exigencia moral de una mínima solidaridad con aquellos que no las tienen.

Y dicho esto, ¿cómo deberíamos organizar nuestras vacaciones para actuar con sensatez y con una verdadera sensibilidad cristiana? Lo justo es hacerlo de tal manera que sean de verdad un tiempo de descanso integral, corporal y espiritual, un tiempo en el que atendamos a aquellos aspectos de la vida que son gratos, que nos enriquecen personalmente y que no podemos cultivar debidamente durante el tiempo en que estamos sometidos al ritmo y a los horarios habituales del trabajo.

Durante las vacaciones se puede viajar, pero hay que organizar los viajes de modo que no nos fatiguen más de la cuenta, conviene precisar bien lo que queremos conseguir con nuestros desplazamientos, qué es lo que queremos ver o conocer, hasta dónde podemos llegar sin agobiarnos demasiado y evitar que el remedio sea peor que la enfermedad. Todo va mejor si antes de comenzar hacemos una buena distribución del tiempo, una planificación, seleccionando los objetivos que verdaderamente nos interesan, reservando los espacios necesarios para el descanso, y previendo momentos y lugares para cumplir con nuestras obligaciones religiosas.

Las vacaciones nos permiten convivir más intensamente con los miembros de nuestra familia: abuelos, hermanos, niños, nietos, cónyuges, etc. Es el momento propicio para hacer juntos pequeñas excursiones, para comer y cenar reunidos con tiempo holgado para la tertulia de sobremesa, tiempo para visitar familiares y amigos con los que no podemos estar durante el año. ¡Cuántas posibilidades educativas, de promover virtudes y cuántas oportunidades para la comunicación y el acercamiento en esos tranquilos paseos familiares sin las limitaciones cotidianas que nos imponen los días normales!

En estos días de vacaciones no pueden faltar unos cuantos libros de formación o de entretenimiento, algún libro de espiritualidad que nos ayude a conocer mejor las maravillas de nuestra fe y a templar nuestra vida cristiana. Profundizar en aquellos temas que han podido despertar nuestro interés a lo largo del año y cuya lectura o estudio emplazamos al verano por tener más tiempo y tranquilidad para afrontarlos.

Si atendemos al bien integral personal y familiar, en el calendario y en los horarios de vacaciones tenemos que señalar momentos y tiempos para la oración, para la reflexión religiosa, para atender a nuestra vida espiritual. Esto se puede hacer de muchas maneras, podemos leer un libro que nos ayude a revisar nuestra vida, podemos rezar en la iglesia del pueblo o en el gran templo de la naturaleza, podemos pasar unos días en la hospedería de un monasterio, podemos incluso hacer unos días de ejercicios espirituales o algún cursillo de espiritualidad. Si queremos librarnos del empobrecimiento materialista que padecemos, tenemos que acostumbrarnos a dedicar expresamente una parte de nuestro tiempo a cultivar y enriquecer nuestra vida espiritual y religiosa.

Con estas sencillas reflexiones, a todos os deseo unas vacaciones tranquilas, agradables, enriquecedoras y felices. Que Dios nos conceda el don de volver a encontrarnos, más sanos, más buenos y más felices. ¡Hasta la vuelta!

La Gaceta de los Negocios, 19/07/07