El escritor Jiménez Lozano denuncia el intento de hacer «tabla rasa del cristianismo»
SANTANDER, viernes, 20 julio 2007 (ZENIT.org-Veritas).-
El escritor José Jiménez Lozano, Premio Cervantes 2002, participó esta
mañana en el Curso de Verano «Los intelectuales Católicos», organizado en
Santander por la Universidad CEU San Pablo y la Asociación Católica de
Propagandistas, con una conferencia sobre «Cristianismo y literatura».
El escritor observó que en España se aprecia agudizada una «uniformidad
cultural y de pensamiento» y una segregación del escritor católico que no se
produce en Europa, «donde no se distingue a nadie por su condición religiosa
del modo en que en que se hace aquí».
El escritor explicó que los escritores tienden a hacerse eco de los
principios dominantes en cada momento, de un «espíritu del tiempo», una
especie de ideario colectivo que viene dado desde los centros de poder,
desde donde «se inventa la cultura popular».
En la actualidad, este "ideario" se caracteriza por «una trasgresión y una
banalización del tiempo de nuestros padres», concentrada en gran medida en
la intención de «hacer tabla rasa del cristianismo», afirmó Jiménez Lozano.
Esta mentalidad colectiva afecta también a la literatura, que se ve
«empapada por este tiempo», y de ahí que lo que abunde en el espectro
literario sea el «artificialismo, el posmodernismo o un multiculturalismo
elegante».
En este contexto el panorama de la literatura española se presenta bastante
anodino, con unos «jóvenes que leen los mismos periódicos y que dicen las
mismas cosas», subrayó.
Por otra parte, y respecto al significado e implicaciones de la
clasificación de «escritor católico» –término sobre el que existen algunas
confusiones– Jiménez Lozano lo definió como «escritor que utiliza la
literatura para adoctrinar o apologizar en el catolicismo».
Sin embargo, según el escritor, esto no significa que un escritor que se
considere creyente deba encerrarse en la temática religiosa, antes bien,
desde su «lealtad con lo real», deja la «huella de su visión del mundo y de
los hombres».
De este modo, «incluso el estilo tiene una implicación moral, va vinculado a
una determinada conciencia», concluyó.