A pesar de todo, Dios existe
Alejandro LLano, Catedrático de Filosofía
Según el filósofo ateo Anthony Flew, el mundo no podría explicarse sin un
Espíritu que actuase en su origen.
La conversión de Tony Blair al catolicismo proporciona una buena ocasión para
reflexionar sobre el futuro de la religión en la sociedad actual.
El hecho de que el mejor político europeo del cambio de siglo haya dado un paso
tan significativo es un dato más que desmiente el anuncio del ocaso del
cristianismo, por supuesta incompatibilidad con la implantación de la democracia
y con el progreso de la ciencia. Y es que se está produciendo en nuestro país
una paradoja cada vez más notoria: la libertad laicista se impone contra la
libertad real de los ciudadanos y el cientificismo materialista se prescribe
frente a las evidencias de la ciencia. Todo ello como resultado de una
manipulación de las mentes que está movida por intereses ideológicos y
económicos, y que habría que sacudirse cuanto antes.
Me ha producido vergüenza ajena la lectura de críticas no mayoritarias a la
encíclica Spe salvi de Benedicto XVI. Sólo el sectarismo o la ignorancia pueden
explicar el bajo rasero conceptual de algunos artículos de prensa y la
virulencia de ciertos ataques a un documento de gran aliento espiritual y de un
nivel intelectual que, al parecer, no están al alcance de comentaristas que
atacan a la Iglesia Católica, siempre con los mismos tópicos, sea cual fuere la
ocasión o disculpa. Deben suponer que sus lectores son débiles mentales.
Con ocasión del escándalo provocado por la denuncia de abortos ilegales y
crueles en clínicas de Barcelona y de Madrid, se han invocado unos presuntos
derechos a la supresión de vidas próximas a nacer, que se presentan como
exigencias de la libertad de las mujeres en una democracia madura. Y se acusa a
grupos católicos integristas de provocar la denuncia de unos hechos que, por lo
demás, nadie niega que estén fuera de la ley.
Parece como si, dada la posibilidad científica y técnica de interrumpir el
embarazo con relativa asepsia y bajo un manto de discreción, la liquidación de
niños ya viables fuera coser y cantar. Viene al recuerdo lo que decía el
científico Oppenheimer a propósito de la bomba atómica: cuando se presenta la
posibilidad de un experimento dulce, algo inédito que ya se sabe hacer, eso se
acaba haciendo, aunque sus consecuencias sean desastrosas. Es un aviso de
navegantes para fanáticos de la biotecnología.
La proximidad de las elecciones motiva que los políticos bajen la guardia y
permitan que se hagan, también con ellos, experimentos que no son peligrosos,
sino simplemente ridículos. Tal es el caso del libro titulado Madera de
Zapatero, en el cual el escritor de cámara Suso de Toro canta las glorias del
presidente. Se trata, por lo demás, de un volumen caótico y muy flojo.
No faltan en él, sin embargo, algunas perlas. En el apartado sobre religión y
laicidad —y como una muestra más de la confusión intelectual de Rodríguez
Zapatero— se puede leer esta sorprendente afirmación: “El único orden que
debemos establecer es el orden que da libertad a todos, no el que da la libertad
de cada uno”. Áteme usted esa mosca por el rabo, que diría el Juan de Mairena
machadiano. En cualquier caso, nuestro presidente tiene una simplista visión de
la historia de España, en la cual se atribuye al catolicismo un papel
decididamente negativo: “El catolicismo en España ha condicionado y ha generado
enormes vacíos”.
Es el vacío de conocimientos el que conduce a ignorar la indudable realidad de
que el cristianismo se encuentra en la raíz de la concepción moderna de la
libertad y del progreso, de la ciencia positiva y de la democracia. No es un
azar histórico que la modernidad sólo haya medrado en culturas fecundadas por el
cristianismo, al que se debe la desacralización de lo terreno. Lo cual se sitúa
en los antípodas de la curiosa tesis de Zapatero, según la cual “es el ser
humano el que merece adoración”.
Mientras en nuestro país se siguen publicando libros de muy poco calado con
mensajes contrarios a toda suerte de trascendencia, nos llega la declaración de
Anthony Flew, considerado por muchos como el más conocido filósofo ateo del
mundo. Flew ha cambiado su modo de pensar y ahora publica un libro con este
contundente título: Dios existe. Según este destacado pensador contemporáneo,
Dios ha creado el mundo y la complejidad de los seres vivos, en particular, no
podría explicarse sin la acción de un Espíritu que está en el origen de la
inteligibilidad de la naturaleza. Y nosotros sin enterarnos.
La libertad de pensamiento y de expresión constituye la gran conquista
occidental, que hoy día es patrimonio del mundo entero. Todo intento de
constreñir ese pensamiento que se atiene exclusivamente a la evidencia supone un
atentado contra la dignidad de la persona humana. Confundir la enseñanza con el
adoctrinamiento y la información con la propaganda implica un retroceso en lo
que constituye la base de nuestra civilización. Donde está el espíritu, allí se
encuentra la libertad.
Gaceta.es, 28.12.07
Arvo.net , 29.12.07